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viernes, 12 de enero de 2018

Hacia una forma más racional de sociedad

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Nuestros antepasados vivían en tribus o comunidades pequeñas, su tecnología era escasa, por lo que su dominio del medio ambiente resultaba insuficiente y sometido a las inclementes leyes de la naturaleza.

La principal lucha que ha mantenido el ser humano, aparte de la supervivencia o muy ligada ella, es la de crear un medio ambiente que le permita sobrevivir sin depender tan directamente del mundo natural.

A lo largo de la historia han ido surgiendo diversas formas de cooperación social, cada vez más sofisticadas, plasmadas en distintos regímenes de gobierno.

En tiempos medievales, por ejemplo, regía el propietarismo de los reyes y señores feudales. Pero este régimen de grandes propietarios tenía poca justificación, ya que, la única razón por la que ellos tenían la propiedad de las tierras se explicaba bajo un orden metafísico de otorgamiento por un dios. No nos detendremos demasiado en ello, para el caso es que creaba un entorno social que solamente permitía una ancha supervivencia a unos pocos privilegiados.

En la edad moderna, el capitalismo destronó el régimen medieval, consiguiendo establecer un nuevo orden social. El mundo natural quedaba cada vez más alejado, reducido a la mera producción de materia prima, siendo sustituido por el mundo económico social. De manera que, las leyes de supervivencia natural, que en otros tiempos rigieron el quehacer de nuestros antepasados, ahora son las leyes del mercado económico y financiero las que gobiernan el mundo actual.

Si bien el capitalismo y los regímenes liberal democráticos han logrado que el valor de la propiedad y su acaparamiento de riquezas, pasará de unas pocas manos nobles a muchas manos burguesas, todavía sigue existiendo una fallida distribución de la propiedad y sus riquezas derivadas.

Henry George
En 1879, Henry George, en su libro Progreso y Miseria, propuso una forma diferente de entender la propiedad de la tierra. Su propuesta sostiene que una persona es propietario de aquello que crea, edifica o inventa, pero el suelo, la tierra, eso es propiedad de todos. Que no existe ninguna ley metafísica que justifique la propiedad del suelo por parte de nadie, y que aquella idea de la propieda en origen "es mio porque yo lo vi primero" tampoco es sostenible sino sólo por coerción.

Planteaba entonces respecto a la propiedad de la tierra que, siendo el suelo propiedad de todos los ciudadanos se convertía así en una especie de monopolio natural regentado por el Estado, como un bien común compartido por todos. De esta manera daba pie a plantear un régimen fiscal basado en el valor de la tierra.

Tal como decía H. George:
«En su forma, la posesión de la tierra quedaría tal como está ahora. No se necesita desposeer a ningún propietario ni restringir la cantidad de tierra que cualquiera puede tener. Porque, recaudando el Estado la renta en impuestos, la tierra, esté a nombre de quienquiera y parcelada como quiera, será realmente propiedad común y todos los individuos de la sociedad participarán de las ventajas de su propiedad.
»Pues bien, como el impuesto sobre la renta o valor de la tierra ha de aumentarse necesariamente, así que suprimamos los demás impuestos, podemos dar al método una forma práctica proponiendo abolir todos los impuestos excepto el impuesto sobre el valor de la tierra. 
»Como hemos visto, el valor de la tierra en los comienzos de la sociedad es nulo, pero, a medida que ésta se desarrolla con el aumento de población y el avance de las artes, va aumentando cada vez más. Por esto no basta poner solamente todos los impuestos sobre el valor de la tierra. Donde la renta exceda a los actuales ingresos gubernamentales, será necesario aumentar, como corresponda, la cantidad exigida en impuestos y continuar este aumento a medida que la sociedad progrese y la renta suba. Pero esto es una cosa tan natural y fácil que puede considerarse implícita o por lo menos sobreentendida en la proposición de poner todos los impuestos sobre el valor de la tierra.»
En mi opinión, este es el paso que faltaba para terminar de hacer una distribución racional de la propiedad para todos los ciudadanos. Obviamente, la idea que tenía H. George de que se quedara como único impuesto, es revisable, dadas las contingencias de la sociedad actual; sin embargo, el cambio sigue siendo sustancial. Incluso Zwolinski, lo propone como forma de financiación de la renta básica universal.

En cualquier caso, se trata de una aportación al equilibrio entre esos dos principios de libertad e igualdad que tanto anhelamos, si queremos caminar hacia una forma más racional de asentarnos como sociedad.

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por Pedro Donaire

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